viernes, 14 de junio de 2013

A Fernando.







Te quiero, quizás, desde siempre. Te he soñado desde que existo. Nunca he querido a nadie más que a ti; he tratado de hacerlo, te busqué en otras personas, para distraerme de ti, para solamente soñarte. Traté de buscarte en cada huella...
Tengo tantas cosas que decirte, tantos sentimientos que sentir, tanto que me ahogo en ellos mismos sin encontrar un rescate... ¡Por Dios; cómo te amo!


Tanto, que duele como jamás comprendí que pudiera doler un dolor. Qué dulce es el sufrimiento al amar. Tanto, que me callo con el silencio de las estrellas.

Un día, hace muchas existencias atrás, mis dedos conocieron la puerta de tu pecho, y supieron alcanzar las nubes que se ocultan tras tu velo de púdica ternura, allá donde sólo existen tus puros latidos.
Por ello, te conozco en la luz y a oscuras. En tus escondites todos, te hallo sin pretenderlo así. No hay culpa. No hay dolor. No hay defecto ni esquinas. Todo es tu alma; nuestras almas reencontrándose.
Te sueño y eso me basta. Soñé que serías inalcanzable como la luna. Mi corazón siempre ha sido tuyo. 


Durante toda mi vida –ésta vida-  he cometido el estúpido error de buscarme en un espejo que reflejaba los horrores de mi niñez. Yo, consciente o no, he atraído a personas que me dañaban debido a lo que me ocurrió.
Ahora soy libre, comencé a serlo hace ya semanas, pero ahora soy, al fin, completamente libre, libre en ti, Fernando.
Te protegeré desde la lejanía cuando más lo necesites, veré tus logros, tus fracasos, tus miedos y tus alegrías y todo ello lo amo y amaré a través de los años que ahora quedan por delante. Abrazaré tu cálido cuerpo que tiembla en la más pura tempestad de mis sueños, en mis sueños solamente allí, te arrullaré con mis  palabras, palabras hechas promesas, promesas de cariño y de amor, amor inconcluso que, con el dolor de mi alma, puede que no sepamos a dónde nos conduce...
Te amo con la sensación ferviente de mi corazón al latir por la vida...al son de la única verdad que hay para mí...y eso es el sentimiento viviente que hay hacia ti...
Lo eres todo para mí.

Quiero correr hacía ti para decirte que cuando estás ausente, aún estas en mi; ese gozo extremo sin un pensamiento impuro que empañe lo que siento. Que en mis íntimos rincones, te pertenezco toda: límite extraño, entre el corazón que se consume y risueño fulgor carnal. La sangre en mis adentros, de recuerdos habla, del pozo ciego de mis venas que acuna tu nombre.
Cuando al fin esté tu lado, no tan solo estaré a tu lado: caminaré lisa por el tiempo, en ti germinaré;  las llagas del pasado explotarán, los espacios se ampliarán...


Por instantes fosforece el mundo. Por otros, sorda de amor, ciega de esencia, el aroma de las ausencias es la sangre que me intoxica. Enmohecen mis dudas; el tiempo devasta mis venas. Me llaman desde la otra orilla: el agua brota, plagada de respuestas, me tienta. La muerte tiene forma de paloma; el aire se detiene y la acaricia. Veo blancas sus plumas.


El tiempo edifica labios y muros, y es ya pregunta a mi pregunta. Lo suplantas. El tiempo eres tú. ¿Qué sería
tu mirada, si no la morada, la puerta, los batientes, el cerrojo abierto a la claridad del día? Te quiero y mientras te quiero, muero. Vivo….Vivo….

Ruego a Dios que te encuentre en tus tristezas, en tus confusiones y entre esas soledades que tanto frecuentas, que te comprenda como yo deseo hacerlo y como yo te hallo a cada instante, a través de toda distancia y tiempo, sin retenerte.

Los negros y obscuros ojos del universo me miran apenados, confundiéndome con una estrella fugaz, cuyo paso tan solo es un parpadeo en la inmensidad del espacio, mientras una blanca rosa marchita sin remedio, al son de mi propia vida, mientras estalla en la nada y emprende otro destino, junto al intenso deseo por volver a verte. Porque tú y yo, no nos veremos por primera vez: será una de tantas veces.


Tuya sin condición, quién te espera sin espera

Tuya contra los vientos y las mareas del tiempo,
C.


A Fernando Vázquez, con el valor que dan los sentimientos.

sábado, 1 de junio de 2013

Castiga a los que tienen envidia haciéndoles bien.





De repente, un día dejas de hacer lo que hacías o lo haces escondida del mundo: escribes y dejas pudrir tus escritos en un rancio cajón. Lo haces sólo para ti…Te quedas en tu abismo, brillando para las cucarachas.

Cuándo desde bien pequeño te pusieron la zancadilla cada vez que destacabas sobre el resto, pronto aprendiste que la conformidad, “la uniformidad” y llevar un disfraz de igualdad es el proceso por medio del cual los miembros de tu grupo social te harán cambiar los pensamientos, tus decisiones y todo tu comportamiento con tal de hacerte encajar con la opinión de la mayoría. Hasta te avergonzarás de tu creatividad con tal que nadie te ponga en escena.

Si calzas zapatos distintos y transparentes, por nada del mundo bailes en presencia de los envidiosos, podrían dejarte cojo.
 
Muchas veces, seres humanos excepcionales toman caminos trillados por los que transitan la mayoría de los necios con tal de no ser boicoteados. Evitan sobresalir a toda costa. Esconden sus cualidades, las pisotean, con tal de resultar creíble y aceptado.

Formamos parte de una sociedad (por no hablar de “éste país”…) en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajeno.  Pese a las comillas que empleo; voy a decir bien alto que en España los creativos  y brillantes son pasto de ratas disgustadas, que harán todo lo posible para hacerte caer de morros y romperte la crisma. 

La envidia no hace más que poner el foco sobre las propias carencias. Y desde luego hace falta muy poca imaginación para inventarse motivos y lanzarse a criticar a alguien para así matar a su miserable baja autoestima. Mucho mejor haría ése en mirarse a sí mismo y preguntarse si no convertir la envidia en estímulo de auto mejora. Pero muy pocos son capaz de mirar dónde les pica. Existe un verdadero mal en el mundo y es el desconocimiento de sí mismos. Pero lo peor no es eso; es que tampoco somos capaces de la necesaria auto crítica; la que nos haga evolucionar. Debería saberse que las decepciones nos abren a nuevos retos. Y que ver a alguien brillar, nos puede empujar a lograr lo propio. Debería comprenderse que cometer errores y equivocarse no es motivo de vergüenza, sino de adquirir cualidades. Aquellos que destacan, han cometido muchísimos errores y los han reconocido. Es por ello que me gusta alabar la imperfección.

Es la luz, no la oscuridad en alguien, la que a los otros atemoriza. Si brillas, pronto serás hombre muerto. Por todo ello, la triste costumbre de algunos de nosotros de encogernos, de hacernos pequeños, con tal de que los otros no se sientan inseguros cerca nuestro.
Pero llega un momento en que te arrancas las máscaras que te han obligado a llevar y las lanzas al fuego y te juras a ti mismo, que antes de volver a ser otro te quedas solo por el resto de tu vida. Las personas brillantes, casi siempre están muy solas…

I-VI- MMXIII
(Sub umbra floreo: C. Bürk)

sábado, 25 de mayo de 2013

A tientas







A tientas
¿Qué habita en la profundidad de todos nosotros? ¿Qué hay en lo más hondo de los corazones ajenos? Me lo pregunto cada día, lejos muy lejos de las comodidades de los prejuicios. ¡Cuánto me gustaría poder asomarme a los corazones de los otros! Habitar en las almas…Vivir sus vidas a través de la mía… ¿Qué hay en lo más hondo de las almas de mis semejantes? Creo que en lo más profundo de todos nosotros no hay ni vicio ni maldad. Los verdaderos pecados son las dudas. Los miedos y el orgullo. Todo, regido por la necesidad de ser íntimamente aceptados y queridos tal como tenemos la necesidad de ser a cada momento.
Mi cuerpo y mi alma ya no son míos. Son enteros del mundo. Ya no me pertenecen. Mi alma ya no recibirá más semillas que la que germinen y den frutos al mundo; nada que lo pudra, nada que lo equivoque. Me arrancaré el ego, el orgullo y el miedo con las manos, como una mala hierba. Sin anestesia, ni mascarilla ni cirujano. Con mis propias manos. Ahora, la felicidad que la vida me ofrece, la que siempre fue la verdadera, me llega a través de renuncias y del dolor de saberme incomprendida, pero amando al que me ofende, siendo útil para aquel que me abofetea; me llega de la soledad y el comercio con los extraños que prostituyen toda mi sensibilidad. Todo merecerá la pena si he amado. Si he recordado al amar lo que el saber me hizo olvidar.
Sí, me queda una incertidumbre: porque quizá esta manera mía sea una de esas seis mil millones de maneras de sentir, que confluyen por el mundo. Todas distintas y válidas, para unirse en lo esencial: la búsqueda de un sentido cardenal: el tránsito de esos caminos que todos recorremos, y que no dan respuestas; visitando la experiencia del abismo, dónde combaten los otros al igual que yo lo hago, vanamente contra lo incomprensible y el absurdo, contra la nada que nos absorbe y nos amenaza con extinguirnos, cuando en realidad nada es lo que parece.  
Gritan los otros, como yo, de desesperación y de incomprensión. Se confunden como yo. Y yerran como yo. Y la respuesta llega en un sólo vocablo, el único posible: ¡AMOR! Si, quizás mi manera de amar no sea otra más entre tantas. Y sin embargo siento que rayos de sol tejen mis sentidos; mis ojos a partir de las demás personas son ahora alas de mariposa; el corazón se me transparenta bajo el pecho a riesgo de ser disparado, mientras sueño con ejercer la divina razón por agradecer mi vida. 
Quizás alguna vez llegue el día en el que la humanidad domine el espacio, las mentes, los vientos, los mares y la gravedad; lograrán controlar para Dios, o quizás mejor aún, para ellos mismos, las energías del amor. ¡Y ese día, como alguien dijo en una ocasión: por segunda vez en la historia, se descubrirá el fuego!
Así siento cómo amo a los otros, de manera tan honda que solo la profundidad de la muerte apagaría mí percibir con su silencio.
En mí retengo las impresiones que de los otros me llegan, como una sagrada reserva, mientras mis ojos actúan como una cámara fotográfica para captar con disimulo las formas de los rostros, los vocablos pronunciados, las miradas de mil colores para detenerse sobre las almas, mientras muchos ojos brillan expectantes, enfadados, decepcionados, alegres o distraídos.
Dudo si mi amor puede ser proclamado más que todos esos seis mil millones de quereres que habitan por el mundo. Y sólo sé que entre el amor y la felicidad existe una sola distancia posible: la de una decisión.
Amar sin esperanza, amar sin recompensa, amar siendo humillada, malinterpretada, escupida; sin ninguna razón que justifique ese amor. Yo tomo el acuerdo, mientras mi corazón lo afirma y mi cabeza da golpes contra el caos.
¡Y sonrío, porque ahora soy libre para contemplar ya por siempre el rubor de todas las auroras, todos los esplendores de la vida, los desangres de todos los ocasos, porque ya todo cuanto me rodea es tenue caricia de un recuerdo que casi había olvidado y pude recordar amando…!

Sub umbra floreo: C.Bürk

Dedico éste escrito a Nuria Balasch, a Fernando Vázquez; por saber reconocer lo esencial con el corazón. Y muy especialmente, dedico mis palabras y muchas más que vendrán a Mercé Anglas Rafart y a su pequeño Jordi, que aunque no se halle por ahora en éste plano, está con su Mamá Mercé y me visita a menudo para decirle a su Mamá que está con ella.